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Alma ,mente,cuerpo
Todo ser humano consiste de el alma, la mente y el cuerpo. Lo más íntimo es el alma, lo intermedio es la mente, y por último está el cuerpo. Todo lo que fluye al hombre proveniente del Señor lo hace a su porción más íntima, que es el alma, y desciende a la intermedia, que es la mente y a través de ésta llega por último al cuerpo.
El alma actúa en el cuerpo, en el interior de éste, no a través de él. El cuerpo actúa por sí mismo, a partir del alma. El alma no actúa a través del cuerpo, porque estos dos no se consultan y deliberan conjuntamente, ni el alma ordena o pide al cuerpo que haga esto o aquello, ni que hable de su boca. Ni el cuerpo pide o ruega al alma que le dé o supla de cosas. Todo lo que pertenece al alma pertenece también al cuerpo, mutuamente y de modo intercambiable. El alma, junto con el cuerpo, aun cuando son dos, hacen una sola cosa.
El alma es el hombre más interior; en consecuencia, es el hombre desde la cabeza hasta los pies. Es una falacia sostener que la parte viviente del hombre, que se denomina alma, es algo etéreo, o flamígero, que se disipa cuando el hombre muere. También es una falacia sostener] que reside en el corazón, o en el cerebro, o en alguna parte del cuerpo, y que desde ese lugar gobierna el cuerpo como si éste fuera una máquina. El hombre interior está en cada una de las partes del hombre exterior. El ojo no ve por sí mismo, ni el oído escucha por, sí mismo, sino gracias al hombre interior.
Cada uno es juzgado según la calidad de su alma. El alma del hombre es su vida, porque es el amor de su voluntad, y el amor de la voluntad de cada uno es completamente según sea su recepción de la verdad divina
El alma es la forma humana. Es la forma más íntima de todas las formas de todo el cuerpo. En una palabra, el alma es el hombre mismo, porque es el hombre más interior. Su forma es la forma humana, total y perfecta, y sin embargo no es la vida, sino el receptáculo más próximo a la vida
La delicia del alma es el amor y la sabiduría . Al hacerse efectivo el amor mediante la sabiduría, el asiento de ambos está en el afecto, y el afecto es uso. Esta delicia fluye al alma , y desciende a través de los grados superiores e inferiores de la mente hasta ocupar todos los sentidos del cuerpo donde se realiza plenamente.
Todo el bien que el hombre ha pensado y hecho desde la infancia, hasta el último día de su vida, permanece con él. De manera similar permanece con él todo el mal que haya hecho, hasta el punto que ni aun la mínima parte perece de manera completa. Ambos quedan inscriptos en su libro de la vida y en su naturaleza. A partir de éstos se ha formado para sí mismo una vida o alma, que después de la muerte será de la calidad que le corresponda. Emanuel Swedenborg

La vida después de la muerte……
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Los ángeles del cielo no poseen una existencia etérea y efímera sino que gozan de una vida activa de servicio a los demás. Duermen y velan, aman, respiran, comen, hablan, leen, trabajan, se recrean y adoran. Viven una vida genuina en un cuerpo y un mundo espiritual bien real. existen tres partes o estados principales del mundo espiritual: el cielo, el infierno y el mundo de los espíritus, que está ubicado entre los dos. Este mundo de los espíritus sirve como lugar de preparación definitiva para la vida eterna, en un medio ambiente acorde con los amores que gobiernan la vida del novicio. Aquellos en quienes sus amores dominantes son buenos van al cielo, aquellos que han escogido el mal son conducidos por sus amores perversos al destino final del infierno. Allí están sometidos al orden exterior que los gobierna, y son tan felices como puede permitírselo su naturaleza egoísta. Ejecutan usos, pero, a diferencia de los ángeles, por obligación antes que por deseo. El cielo angelical es el fin para el cual fueron creadas todas las cosas que existen en el universo. Es la meta que da razón de ser a la existencia de la raza humana, y la raza humana es el fin en lo que concierne a la creación del cielo visible y las tierras que incluye. El cielo angelical primordialmente mira hacia la infinidad y la eternidad y, por lo tanto, su multiplicación sin fin, porque el Ser Divino mismo mora allí. La raza humana no tendrá fin jamás, porque si esto ocurriera la obra divina quedaría limitada a un cierto número y por lo tanto perecería su tendencia hacia el infinito. El cielo no consiste de ángeles que desde el principio hayan sido creados en cuanto tales, ni el infierno proviene de diablo alguno que habiendo sido creado un ángel de luz haya sido arrojado del cielo. Tanto el cielo cómo el infierno provienen de la humanidad, estando formado el cielo por todos aquellos que aman el bien y, en consecuencia, comprenden la verdad, y el infierno, por todos aquellos que aman el mal y cuyo entendimiento, en consecuencia, es de lo falso. El influjo divino no se detiene en el medio, sino continúa hasta sus últimos límites, la conexión y conjunción del cielo con el género humano es tal que cada uno subsiste por el otro, y que el género humano sin el cielo sería como una cadena sin gancho, y el cielo sin el género humano sería como una casa sin fundamento. El
infierno y el cielo están cerca del hombre, más aún, en el hombre. El infierno en un hombre malo, y el cielo, en un hombre bueno. Todos ingresan después de la muerte en el infierno o en el cielo en el que han estado mientras moraban en el mundo. No puede decirse en ningún sentido que el cielo está fuera de alguien sino dentro de él. A menos que el cielo esté dentro de uno, nada que sea celestial y que esté afuera puede fluir hacia el interior y ser recibido Los que han vivido malignamente al llegar al cielo, se ahogan por falta de aire y se retuercen como peces en la atmósfera fuera del agua y como animales en el vacío debajo de una campana neumática, una vez que se ha extraído todo el aire. Los ángeles y los espíritus están totalmente por encima o fuera de la naturaleza, y están en su propio mundo, que se encuentra bajo otro sol. Desde que en aquel mundo los espacios son apariencias no puede decirse que los ángeles y los espíritus estén en el éter o en las estrellas. De hecho, están presentes con el hombre, unidos al afecto y al pensamiento de su espíritu. El mundo espiritual está dondequiera que esté el hombre, y de ningún modo lejos de él. En una sola palabra, todo hombre en lo que concierne a lo interior de su mente está en aquel mundo, en medio de los espíritus y ángeles que lo habitan, y piensa a su luz y ama a su calor. Los universales del infierno son tres amores: el amor del dominio que proviene del amor egoísta, el amor de poseer los bienes de los otros que proviene del amor del mundo, y el amor fornicario. Los universales del cielo son los tres amores que se oponen a éstos: el amor del dominio que proviene del amor del uso, el amor de poseer los bienes del mundo que proviene del amor de efectuar usos mediante ellos, y el amor verdaderamente conyugal. El espíritu del hombre, que es su mente en su cuerpo, es en su forma completa un hombre. El hombre después de su muerte es hombre tanto como fue en el mundo, con esta única diferencia, que ha desechado la cobertura que formaba su cuerpo en el mundo. El hombre está en este mundo natural a fin de ser iniciado por medio de sus actividades allí en las cosas que son del cielo. Su vida en este mundo es apenas un momento, en comparación con su vida después de la muerte, porque ésta es eterna. Aún cuando, hay algunos pocos que creen que volverán a vivir otra vez el hombre inmediatamente después de su muerte está en la otra vida. Su vida en este mundo se continúa plenamente allí, y es de la misma calidad que ha sido en este mundo. Esto puedo afirmarlo porque he hablado, después de sus muertes, con casi todos los que me han sido conocidos durante su vida en el cuerpo, y por lo tanto, mediante la experiencia viva me ha sido concedido el conocimiento de cuál es la suerte que le espera a cada uno, a saber, una suerte según la vida que ha vivido en este mundo.El primer estado del hombre después de la muerte se asemeja a su estado en el mundo, puesto que entonces también se halla en los exteriores teniendo una cara, un habla y carácter semejantes, y por lo tanto semejante vida moral y civil. Por eso no sabe que ya no se halla más en el mundo a menos que preste atención a lo que encuentra y a lo que le hayan dicho los ángeles cuando fue resucitado; es decir, que ahora es un espíritu. De esta manera se continúa una vida en la otra, y la muerte es sencillamente una transición. Este primer estado del hombre después de la muerte continúa en algunos durante días, en otros, meses, y aun en otros, durante un año; pero pocas veces más de un año.El segundo estado del hombre después de la muerte se llama el estado de los interiores, puesto que entonces se le introduce en los interiores de su mente, es decir, de su voluntad y pensamiento, mientras que los exteriores en los cuales se hallaba durante su primer estado se adormecen. Cuando el espíritu se halla en el estado de sus interiores ,se ve claramente lo que era el hombre en sí mismo en el mundo, porque entonces obra por virtud de lo que es lo propio suyo. El que interiormente se hallaba en el bien en el mundo obra entonces racional y sabiamente y aún más sabiamente que cuando estaba en el mundo, puesto que se halla libre del vínculo del cuerpo y por consiguiente de las cosas terrestres que oscurecían y, por así decir, se interponían como una nube. Pero él que en el mundo se hallaba en el mal obra entonces necia e insensatamente, aún más locamente que en el mundo, puesto que se halla en libertad y sin restricción. El tercer estado del hombre, después de la muerte es un estado de instrucción. Este estado es para los que van al cielo y llegan a ser ángeles. A los espíritus buenos se les conduce desde el segundo estado al tercero, que es su estado de preparación para el cielo mediante la instrucción. Porque a nadie se puede preparar para el cielo sino mediante conocimientos del bien y de la verdad; es decir, sólo mediante instrucción, ya que nadie puede conocer lo que es el bien y la verdad espiritual y lo que es el mal y la falsedad, que son opuestos a los primeros, a menos de ser enseñado. Este tercer estado no es para los que van al infierno, ya que a éstos no se les puede instruir y por lo tanto su segundo estado también es el tercero, y culmina cuando se los entrega totalmente a su propio amor y, por consiguiente, a la sociedad infernal que se halla en un amor semejante. Los espíritus poseen sensaciones mucho más exquisitas que durante su vida corpórea. Esto lo sé por experiencia, repetida en miles de oportunidades. Si alguno no estuviera dispuesto a creer esto, en virtud de sus ideas preconcebidas respecto de la naturaleza de los espíritus, que lo aprenda por experiencia propia, cuando entre en la otra vida; no tendrá más remedio que creer. Los espíritus tienen vista, porque viven en la luz; los buenos espíritus, los espíritus angélicos y los ángeles, viven en una luz tan grande que la del mediodía en este mundo difícilmente pueda comparársele. Los espíritus también tienen oído, y en un grado tan exquisito que no podríamos compararlo, casi, con el oído del cuerpo. También tienen el sentido del olfato. Poseen un exquisitísimo sentido del tacto. Tienen deseos y afectos. Los espíritus piensan de manera mucho más clara y distinta que cuando vivían en el cuerpo. En una sola idea de su pensamiento hay contenidas más cosas que en mil de las ideas que poseyeron en este mundo. Hablan entre ellos con tanta exactitud, sutileza, sagacidad y claridad, que si el hombre pudiera percibir su conversación experimentaría enorme maravilla. En pocas palabras, poseen todo lo que posee el hombre, pero de modo más perfecto, excepto la carne y los huesos y las imperfecciones que provienen de éstos. Reconocen y perciben que aun mientras vivían en el cuerpo era el espíritu el que percibía y sentía, y que aun cuando la facultad de las sensaciones se manifestaba en el cuerpo, sin embargo, no estaba en el cuerpo. Cuando se abandona el cuerpo las sensaciones son muchas más exquisitas y perfectas. La vida consiste en el ejercicio de las sensaciones, porque sin ellas no hay vida, y según sea la facultad de las sensaciones será la vida que un hombre lleve. Después de la muerte el hombre es similar a lo que fue antes, tanto que al principio no se da cuenta de que está en otro mundo. Tiene vista, oído y habla, tal como en el mundo primero. Camina, corre y se sienta, tal como en el mundo primero. Se acuesta, duerme y despierta, tal como en el mundo primero. Come y bebe, tal como en el mundo primero. Goza de las delicias de la vida matrimonial, tal como en el mundo primero. En una palabra, es hombre, en todos y cada uno de los aspectos. La muerte no es el fin sino la continuación de la vida. En los cielos no hay desigualdad de edades, ni de rango, ni de riqueza. En lo que respecta a la edad, todos poseen una floreciente juventud y permanecen por la eternidad en ese estado. En cuanto a la posición social, todos consideran a los demás según los usos que ejecutan. El más eminente considera que quienes ocupan rangos inferiores son sus hermanos y no ponen la dignidad por encima de la excelencia del uso. y el Señor es el Padre de todos. En lo que respecta a la riqueza ésta consiste en el don de llegar a obtener la sabiduría; y según esta ley, todos son provistos abundantemente de tales tesoros. Los que están en el cielo progresan continuamente hacia la primavera de la vida y hacia una primavera tanto más agradable y feliz cuanto más miles de años viven; con eterno aumento según los progresos y los grados de su amor, de su caridad y de su fe. Las mujeres que han muerto viejas y consumidas por los años, habiendo vivido en la fe en el Señor, en caridad al prójimo y en feliz amor conyugal con sus maridos, vuelven, con la sucesión de los años, más y más a la flor de la juventud y de la adolescencia, y a ganar una hermosura que trasciende a todo concepto de la belleza tal como se ve en el mundo. Es la bondad y la caridad que forman y presentan en ella su propia semejanza, haciendo que el gozo y la belleza de la caridad se trasluzca en todas las facciones del rostro, de manera que son las formas mismas de la caridad La forma de la caridad en el cielo es tal que la caridad misma es la que al mismo tiempo forma y es formada. Esto se cumple de tal manera que la totalidad del ángel es una caridad. Esto se ve y se siente con suprema claridad. Es una forma que cuando se contempla, es de una belleza indescriptible que afecta con su caridad la más íntima vida de la mente. En una palabra, envejecer en el cielo es rejuvenecer. En el cielo, como en la tierra, hay comidas y bebidas, hay festejos y banquetes. Junto a las personas principales hay mesas tendidas, cubiertos de suntuosas delicadezas para el gusto, viandas escogidas y deliciosas, con las cuales todos se reconfortan y refrescan espiritualmente. También hay deportes y exhibiciones, el entretenimiento de la música y la canción, todos estos de la más elevada perfección. Tales cosas proporcionan gozos. Hay una cierta aptitud latente en el afecto de la voluntad de cada ángel que empuja su mente a hacer algo. De este modo la mente se tranquiliza y satisface. Esta satisfacción y tranquilidad produce un estado de mente que es receptivo al amor del uso que proviene del Señor. Y la recepción de éste produce la felicidad celestial o bienaventuranza, que es la vida de sus goces. El alimento celestial en su esencia no es otra cosa que el amor, la sabiduría y el uso, los tres reunidos en una misma cosa. Por lo tanto en el cielo todos reciben alimento para sus cuerpos según el uso que ejecutan. Todos los que van al cielo son preparados en el mundo de los espíritus, que está entre el cielo y el infierno. Después de un cierto tiempo desean el cielo con anhelo y llegado el momento les son abiertos los ojos, y ven un camino que conduce a alguna de las sociedades del cielo. Penetran por ese camino y ascienden, y en el ascenso hay una puerta, y en ésta un guardián. El guardián abre la puerta, y de este modo ellos entran. Entonces les sale al encuentro un examinador, que les dice en nombre del gobernador que pueden seguir entrando, y que deben ver si hay algunas casas que puedan reconocer como suyas, porque hay una nueva casa para cada uno de los ángeles novicios. Si encuentran una casa, informan de haberlo hecho y se quedan allí. Pero si no encuentran deben regresar y decir que no han encontrado casa. Entonces son examinados por un sabio de ese lugar, que descubre si la luz que hay en ellos concuerda con la de esa sociedad, y especialmente si el calor es similar.La luz del cielo en su esencia es la verdad divina, y el calor del cielo en su esencia es la bondad divina, y ambas proceden del Señor, que allí es el sol. Si en ellos hay otra luz y otro calor, diferentes de los que posee esa sociedad, no se los recibe. Entonces deben abandonar el lugar, y recorren los caminos que están abiertos entre las sociedades del cielo, y así hasta que encuentran una sociedad que concuerda en todos los aspectos con sus sentimientos. Y entonces, allí, sientan sus reales por la eternidad. Están aquí entre sus semejantes, como entre parientes o amigos a quienes, por ser similares en los afectos, aman de corazón. Se encuentran gozando de su vida, y en la plenitud del amor más tierno, que deriva de la paz del alma. En el calor y la luz del cielo hay una delicia inefable, que se comunica. Tal es el caso con quienes llegan a ser ángeles. Puesto que el cielo proviene del género humano los ángeles son de ambos sexos. Desde la creación la mujer es para el hombre y el hombre para la mujer, perteneciéndose así mutuamente por el amor innato en ellos. El hombre después de la muerte es hombre, y la mujer, mujer. Estos dos han sido creados de tal modo que tienden urgentemente por lograr la conjunción, y llegar a ser una cosa entre los dos. Esta inclinación conjuntiva está inscripta en todas las cosas, y en cada una de las que pertenecen al varón y la mujer, respectivamente; por lo tanto esta inclinación no puede ser alterada y morir con el cuerpo. Hay matrimonios en el cielo, tanto como en la tierra. Pero los matrimonios en el cielo difieren mucho de los que se celebran en la tierra. Los que han considerado el adulterio como abominable y han vivido en casto amor conyugal están más que todos los demás en el orden y en la forma del cielo, y por ello en toda hermosura; y continúan incesantemente en la flor de la juventud. Las delicias de su amor son inefables y aumentan eternamente. La separación de las parejas que han contraído enlace en la tierra tiene lugar muy frecuentemente después de la muerte, porque las conjunciones que aquí se forman muy rara vez se fundan en una percepción interna del amor, sino en la percepción exterior que oculta lo interior. La percepción externa del amor tiene su causa y origen en aquellas cosas que pertenecen al amor por el mundo y por el cuerpo. Las riquezas y las grandes posesiones, especialmente, son del amor del mundo. Las dignidades y los honores son del amor del cuerpo. Además de estas dos, hay distintos atractivos seductores, tales como la belleza, una corrección simulada en los modales, y a veces también la falta de castidad. Más aún, los matrimonios por lo general se contraen dentro de la villa, ciudad o distrito donde uno reside o ha nacido, donde no hay entre quienes elegir sino de manera muy limitada, según las familias que nos son conocidas, y dentro de estos límites también están aquellos que hacen a la posición social de los novios. Es por estas razones que los matrimonios que se han contraído en la tierra por lo general son externos y no, al mismo tiempo, interiores.Sin embargo, la conjunción interior, que es la de las almas, constituye la esencia del matrimonio. Esta conjunción no se percibe hasta que el hombre se desviste de lo exterior y se reviste de lo interior, lo cual ocurre después de la muerte. Por lo tanto en ese momento ocurren las separaciones, y posteriormente nuevas conjunciones, con aquellos que son similares y homogéneos, a menos que ya haya sido de este modo en la tierra, como ocurre con aquellos que desde la más temprana juventud se han amado y deseado y le han pedido al Señor que les conceda un compañerismo legítimo y hermoso entre sí y han rechazado y detestado los extravíos lujuriosos como malos olores para sus narices. El hombre recibe una esposa adecuada, y la mujer un esposo adecuado. Ninguna pareja casada puede ser recibida en el cielo y permanecer allí excepto aquellas que están unidas interiormente o pueden ser unidas, hasta llegar a formar una cosa. La pareja de esposos no son dos ángeles sino uno. No se reciben otras parejas casadas en el cielo porque ningún otro, fuera de esta unión interior, puede vivir con su pareja en el cielo, es decir, estar juntos en la misma casa, en el mismo dormitorio y en la misma cama.En el cielo todos están coasociados según las afinidades y proximidades del amor, y según éstas poseen sus moradas. En el mundo espiritual no hay espacios sino apariencias de espacios, y éstos son según los estados del amor. Por esta razón nadie puede morar sino en su propia casa, que se le provee y asigna según la calidad de su amor. Si morara en otro lugar no podría respirar. Ni pueden dos vivir juntos en la misma casa a menos que posean similitudes, y esto ocurre especialmente con las parejas casadas, a menos que sus inclinaciones sean mutuamente compatibles. Si son inclinaciones externas y no poseen la cualidad de serlo también internamente, la misma casa o lugar los separa, los rechaza y los expulsa. Las parejas casadas mantienen relaciones similares entre sí a las que se mantienen en la tierra, solamente que mucho más deleitosas y bendecidas, pero sin descendencia. En lugar de ésta, poseen la descendencia espiritual, que proviene del amor y la sabiduría. La razón por la cual las parejas de esposos gozan de las mismas relaciones que en la tierra es que el hombre sigue siendo hombre, y la mujer, mujer, tal como en este mundo, y en ambos existe como parte inherente en su naturaleza creada la tendencia a la conjunión. Esta inclinación en el hombre proviene de su espíritu, y desde allí [emana] al cuerpo. Por lo tanto después de la muerte, cuando el hombre se convierte en un espíritu, continúa la misma inclinación mutua, y esto no podría ser si no hubiera una forma similar de relación entre ambos. El camino queda constantemente abierto para los afectos; desde que sin éstos el amor sería como el canal de una fuente que se ha taponado. El afecto destapa ese canal y produce la continuación y la conjunción, para que ambos puedan llegar a ser una sola carne. La esencia vital del esposo se suma por sí misma a la de su esposa y los une. Los ángeles declaran que las delicias de sus afectos no pueden describirse en las expresiones de ninguno de los lenguajes del mundo natural, ni pueden pensarse sino en ideas espirituales, y que aun éstas no llegan a agotarlos. El gozo celestial es la delicia de hacer algo que es útil para nosotros mismos y para los demás. La delicia del uso deriva su esencia del amor, y su existencia, de la sabiduría. La delicia del uso que surge del amor mediante la sabiduría es la vida y el alma de los gozos celestiales. Hay compañías mucho más gozosas en los cielos, que alegran las mentes de los ángeles, entretienen sus espíritus, llenan sus pechos de delicia y vivifican sus cuerpos. Pero gozan de estas delicias solamente cuando han ejecutado los usos de sus empleos y ocupaciones. En los usos todos los goces del cielo se juntan y están presentes porque los usos son los bienes del amor y de la caridad, en los cuales están los ángeles. Los goces son por lo tanto para cada uno tales cuales son los usos, y su intensidad es igualmente según el grado del afecto al uso. La delicia que proviene del bien, y el placer que proviene de la verdad, que son la causa de la bienaventuranza en el cielo, no consisten en el ocio sino en la actividad. En el ocio la delicia y el placer se convierten en sus opuestos, la falta de gozo y la falta de placer. Pero en la actividad éstos son permanentes y constantemente mayores, y producen bienaventuranza. Para quienes están en el cielo la actividad consiste en la ejecución de usos, que para ellos son la delicia que proviene del bien, y en las verdades que proporcionan el sabor de la existencia, con el fin de los usos, que para ellos son el placer que proviene de la verdad. Algunos piensan que el cielo consiste en una vida de descanso, en la cual hay otros que los sirven. Pero no hay delicia posible en no hacer nada y estar descansando todo el tiempo como medio para obtener la felicidad, porque de este modo todos querrían hacer que la felicidad de los otros fuera tributaria de la felicidad propia. Cuando todos quieren esto, nadie posee la felicidad. Tal vida no sería una vida activa, sino una vida ociosa, en la cual se adormecerían. La vida angelical consiste en el uso, y en los bienes de la caridad. Los ángeles no conocen felicidad mayor que la de enseñar e instruir a los espíritus que llegan del mundo. Se deleitan en poder servir a los hombres, controlando los espíritus maléficos que los acosan para que no transgredan los límites de la corrección, e inspirándoles para el bien, y elevando a los muertos hacia la vida eterna. De todo esto reciben como retribución mucha más felicidad de la que podría describirse. Es de este modo que son imágenes del Señor; es así que aman a su prójimo más que a sí mismos; es por esta razón que el cielo es el cielo. La felicidad angelical está en el uso, proviene del uso y corresponde al uso. Los que tienen la idea de que el gozo celestial consiste en vivir ociosamente, respirando sin hacer nada la felicidad eterna, cuando han escuchado estas cosas, se les otorga percibir, para su vergüenza, en qué consiste verdaderamente esta vida. Perciben cómo, en realidad, no es sino un estado de existencia tristísimos que es capaz de destruir todo el gozo, y que después de muy poco tiempo lo despreciarían y tendrían asco de él. Hay en el cielo más funciones, servicios y ocupaciones de los que se pueden enumerar mientras que en el mundo hay comparativamente pocos, Pero cualquiera que sea el número de los así empleados, todos sienten gozo por su trabajo y su ocupación a causa de su amor al uso, y no a causa del amor a sí mismo ni a causa de las ventajas personales. Tampoco puede haber entre ellos los que anhelan riquezas por causa de la vida, porque todas las necesidades de la vida se les dan gratuitamente. Tienen habitaciones gratuitas, vestidos gratuitos, alimentos gratuitos, por lo cual es evidente que los que se han amado a sí mismos y al mundo más que el uso no pueden tener participación alguna en el cielo, puesto que el amor o el afecto de cada uno permanece en él después de la vida en el mundo, y no se le desarraiga en toda la eternidad.Cada uno en el cielo tiene su ocupación conforme la correspondencia y la correspondencia no tiene relación con la ocupación misma sino con el uso de ella El que en el cielo se halla en la ocupación que corresponde a su uso se halla en un estado de vida similar que cuando estaba en el mundo, porque lo espiritual y lo natural obran como una sola cosa mediante las correspondencias. Pero la diferencia es que entonces [el hombre] entra en un estado de gozo interior por estar en vida espiritual, que es vida interior y por consiguiente más receptiva de la bienaventuranza celestial. El cielo no consiste en estar en las alturas, sino que está en cualquier lugar donde hay alguien que vive en el amor y la caridad, o en quien está en el Reino del Señor. Ni consiste en el deseo de ser más eminente que otros, porque tal deseo no es cielo, sino infierno. Cada uno recibe el cielo, según los elementos de fe y caridad que haya en él. La caridad y la fe hacen el cielo en cada uno. La vida dotada de cielo es una vida acorde con las verdades y bienes de la fe, sobre las cuales el hombre ha sido instruido. A menos que éstas sean las reglas y principios de su vida es inútil que busque el cielo, por más maravillosa que haya sido su vida en otros aspectos. Sin estas verdades y bienes el hombre es como un arbusto, sacudido por todos los vientos, porque lo doblegan tanto los/bienes como los males. No hay nada de verdad y bien que sea firme en él, mediante lo cual los ángeles puedan mantenerlo en las verdades y el bien, y apartarlo de las falsedades y los males que las criaturas infernales inyectan continuamente. El cielo en sí está tan lleno de goces que visto en si mismo es entera y completamente goce y beatitud. El bien divino procedente del amor divino del Señor es lo que hace el cielo en general y en particular con cada uno allí. El amor divino es un anhelo de la salvación de todos y la felicidad de todos desde lo más interior y en plenitud. Decir "cielo", o decir "goce celestial" es por lo tanto una misma cosa.Las delicias del cielo son innumerables a la par que inefables, pero de estos goces nada puede saber el que se halla exclusivamente en el goce del cuerpo o de la carne porque, como ya se ha dicho, sus interiores se apartan del cielo y miran hacia el mundo, por consiguiente hacia atrás. El que se halla totalmente en el goce del cuerpo o de la carne, o lo que es lo mismo, en amor a sí mismo y al mundo, no siente goce alguno más que en honores, lucros y placeres del cuerpo y de los sentidos, que de tal manera extinguen y sofocan los goces interiores que son del cielo, como para destruir toda creencia en éstos. La delicia del amor de hacer lo que es bueno sin fin de recompensa alguno, es el premio que permanece hasta la eternidad. Cada uno de los afectos del amor está inscripto y permanece de esta manera en la vida del individuo que ama. En esto el Señor nos ofrece una idea de lo que es el cielo y la felicidad eterna. El cielo proviene del género humano, tanto por los que han nacido dentro de la iglesia como por los que han nacido fuera de ella; de modo que consiste de todos cuantos han vivido en el bien en esta tierra desde su primer origen. El que tiene algún conocimiento acerca de las varias partes, regiones y reinos de nuestro planeta puede juzgar cuan grande es la multitud de hombres en el mundo entero. Quien calcule verá que mueren en ella diariamente muchos millares de hombres, y miles de millones, todos los años, y esto desde los tiempos más remotos. Todos ellos, después de la muerte, han ido al otro mundo, que se llama el mundo espiritual, y siguen llegando. Pero cuántos de ellos han llegado o llegan a ser ángeles del cielo no se puede decir. Se me ha dicho que en tiempos remotos el número fue muy grande, porque entonces los hombres pensaban más interior y espiritualmente, y por lo tanto se hallaban en el afecto celestial; pero en las edades que siguieron no tantos, por la razón de que los hombres, en el transcurso del tiempo, se volvieron más externos, empezando a pensar de un modo más natural y por ello a entrar en un afecto terrenal. Todo esto demuestra cuan grande es el cielo, en primer lugar ya sólo por los habitantes de esta tierra.Que el cielo del Señor es inmenso puede constar también por el hecho de que todos los niños, tanto los nacidos dentro de la iglesia como los nacidos fuera de ella, los adopta el Señor y llegan a ser ángeles. Su número asciende a la cuarta o quinta parte del total del género humano en la tierra. Todo niño, dondequiera que haya nacido, dentro de la iglesia o fuera de ella, de padres piadosos o de padres impíos, el Señor lo recibe cuando muere, y se le educa en el orden divino, se le instruye e introduce en afectos al bien, y mediante éstos en conocimientos de la verdad, y luego, conforme va perfeccionando su inteligencia y sabiduría, se le introduce en el cielo y llega a ser ángel. Puede por todo esto deducirse cuan grande es la multitud de ángeles en el cielo Cuan inmenso es el cielo del Señor puede constatarse también por el hecho de que todos los planetas visibles en nuestro sistema solar, son tierras y que, además de ellos, existen en el universo otros innumerables, todos ellos llenos de habitantes. El cielo universal representa un único hombre, que se llama el Máximo Hombre. La totalidad y cada una de las partes del hombre tienen su correspondiente en éste. Los ángeles en el cielo aparecen todos en forma humana. Por otro lado, los espíritus maléficos que están en el infierno, aun cuando en la fantasía puedan aparecer como hombres, entre ellos, a la luz del cielo aparecen como monstruos, más calamitosos y horribles según el mal en el que están. El mal en sí es contrario al orden, y por lo tanto contrario a la forma humana. Los que están en el Máximo Hombre respiran libremente cuando moran en el bien del amor. Todos, cuando están en su propio cielo, están en su vida y reciben el influjo del cielo universal, donde cada persona es el centro de todos los influjos y por lo tanto mantiene el equilibrio más perfecto. La maravillosa forma del cielo proviene solamente del Señor y contiene toda variedad. Todos los que están dentro del Máximo Hombre moran en el amor hacia el Señor y la caridad hacia el prójimo, y hacen bien al prójimo, de todo corazón, según el bien que está en él, y tienen conciencia de lo que es justo y equitativo. Pero están fuera del Máximo Hombre todos los que moran en el amor de sí mismos y el amor del mundo y sus males derivados, y hacen lo bueno solamente porque hay una ley que lo exige, y por amor de la honra y la riqueza del mundo, y la reputación consiguiente. Estos son inmisericordes interiormente y odian y se vengan en sus relaciones con los prójimos, por amor de sí mismos y del mundo, y se deleitan en la injuria de quienes no los favorecen. Estos están en el infierno.Los hombres creen que en la hora de la muerte la fe puede llevarlo a uno al cielo, sin que importe el afecto en que hayan vivido durante el curso de sus existencias. Si bien todos pueden ser admitidos en el cielo, porque el Señor no niega el cielo a nadie, solamente cuando se los admite pueden saber si les será posible vivir allí. Algunos que creían firmemente que podían han sido admitidos. Pero como la vida allí se caracteriza por el amor hacia el Señor y el amor hacia el prójimo al comenzar a vivirla se han sentido muy disgustados. No siendo capaces de respirar en esa esfera comenzaron a percibir la suciedad de sus afectos, y de este modo a sentir un tormento infernal. Como consecuencia de esto ellos mismos se arrojan de cabeza hacia abajo, diciendo que desean estar muy lejos de allí, y maravillándose de que eso, que para ellos es un infierno, sea el cielo. Los que se deleitan en los afectos de la falsedad y el mal no pueden de ninguna manera estar entre aquellos, que se deleitan en los afectos del bien y la verdad. Estos deleites son opuestos entre sí, como lo son el cielo y el infierno. En la medida en que el hombre se ama a sí mismo y al mundo, y mira hacia el propio yo y hacia el mundo en todas las cosas, tanto más se separa de lo Divino y se aleja del cielo. Antes que los malos sean condenados y dejados caer al infierno atraviesan por muchos estados. Se cree que el hombre resulta condenado o salvado instantáneamente después de su muerte y que esto se efectúa sin ningún proceso. Pero ocurre de otra manera. En el mundo de los espíritus reina la justicia y nadie es condenado hasta que él mismo lo sepa y esté interiormente convencido de que es malo, y que le resulta completamente imposible estar en el cielo. Sus propias maldades son puestas al descubierto frente a él. También se le advierte para que reniegue del mal. Pero esto no lo puede hacer por el dominio que el mal ejerce sobre él. Finalmente se produce la condenación, y se lo deja caer al infierno. Esto ocurre cuando cae en cuenta plenamente de la maldad de su vida. En el infierno, como en el cielo, hay una forma de gobierno. Hay estatutos y hay subordinación, sin los cuales la sociedad no tendría coherencia alguna. Pero las subordinaciones del cielo son completamente distintas de las subordinaciones en el infierno. En el cielo todos son como iguales, porque cada uno ama a los demás como los hermanos se aman entre sí. Sin embargo, cada uno coloca al otro por encima de él en proporción según la medida de su excelencia en la inteligencia y la sabiduría. El mismo amor del bien y la verdad hace que cada uno, como si viniera de sí mismo, se subordine a quienes son superiores a él en la sabiduría del bien y la inteligencia de la verdad. Pero en el infierno las subordinaciones son las de la autoridad despótica y en consecuencia tremendamente severas. El que manda se enardece con furia contra quienes no favorecen su capricho. Todos consideran que los demás son sus enemigos, aun cuando exteriormente aparenten ser amigos, para poder agruparse en bandas y resistir la violencia de los demás. Este agrupamiento es como el de los asaltantes. Los que ocupan una posición subordinada constantemente quieren gobernar, y frecuentemente se rebelan, y entonces las condiciones son lamentables. Hay severidad y crueldades. Emanuel Swedenborg
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Moralidad
Hay tres clases de verdades: civiles, morales y espirituales. Las verdades civiles se refieren a las cosas judiciales y gubernativas en los reinos, y en general a las que allí se refieren a la justicia y a la equidad. Las verdades morales se refieren a las cosas propias de la vida individual de cada hombre, con respecto a compañerismo y a las relaciones sociales, en general a la sinceridad y a la rectitud, y en particular a toda clase de virtudes. Pero las verdades espirituales se refieren a las cosas que pertenecen al cielo y a la iglesia; y en general al bien del amor, y a la verdad de la fe. Las leyes de la vida espiritual, las de la vida civil y las de la vida moral son consignadas en el Decálogo; en los tres primeros mandamientos aparecen las leyes de la vida espiritual, en los cuatro siguientes las leyes de la vida civil, y en los tres últimos las leyes de la vida moral. El hombre meramente natural vive exteriormente en conformidad con los mismos mandamientos de igual manera que el hombre espiritual, porque adora de igual manera a lo Divino, va a la iglesia, escucha sermones, asume un semblante devoto, se abstiene de cometer homicidio, adulterio y robo, de levantar falso testimonio, de despojar de sus bienes a sus compañeros. Pero estas cosas las hace meramente por sí mismo y por el mundo, por guardar las apariencias, mientras que interiormente tal persona es completamente contraria a lo que exteriormente aparenta ser, puesto que en su corazón niega lo Divino. En la adoración hace el papel de hipócrita y cuando reflexiona a solas, se ríe de las cosas sagradas de la iglesia, creyendo que sólo sirven para contener a las gentes sencillas. De ahí resulta que está completamente separado del cielo y, al no ser un hombre espiritual, tampoco es un hombre moral ni un hombre civil. Aunque se abstiene de matar, odia a cualquiera que se le opone, y este odio le hace arder en venganza y por lo tanto mataría, caso de no retenerle las leyes civiles y los lazos externos del temor, Y como anhela matar, resulta que mata continuamente. Aunque no comete adulterio, sin embargo, como lo considera lícito, es adúltero Aunque no roba, no obstante, como codicia los bienes ajenos y no considera el fraude y las malas artes como opuestos a la justicia, en intención continuamente es un ladrón. Lo mismo es aplicable en cuanto a los preceptos de la vida moral, los cuales prohíben levantar falso testimonio y codiciar los bienes ajenos.Tal es todo hombre que niega lo Divino y no tiene conciencia derivada de la religión. Las verdades morales son las que enseña la Palabra con respecto a la vida del hombre con su prójimo. Esta vida es denominada caridad. Los bienes de esta vida, que son usos, tienen relación, en otras palabras, con la justicia y la equidad, la sinceridad y la rectitud, la castidad, la templanza, la verdad, la prudencia y la benevolencia. A las verdades de la vida moral corresponden también sus opuestos, que destruyen la caridad, y que están relacionadas con la lascivia, la intemperancia, la mentira, la astucia artera, la enemistad, el odio y la venganza y la mala voluntad. A estas últimas se las denomina verdades de la vida moral, porque todo lo que el hombre piensa que es verdad, sea malo o bueno, se lo clasifica entre las verdades. Las verdades civiles son las leyes civiles de los reinos y los estados, que están relacionadas, en otras palabras, con las muchas fases de la justicia que se observa, y en el sentido contrario, con las distintas clases de violencia que existen en la práctica. Las virtudes que pertenecen a la sabiduría moral del hombre poseen diversos nombres, y se las denomina sobriedad, probidad amistad, modestia cumplimiento, decoro y también diligencia, industriosidad, vigilancia, celo, liberalidad, generosidad, seriedad, corajey magnificencia, con otros nombres.Las virtudes espirituales de los hombres son el amor hacia la religión, la caridad, la verdad, la fe, la conciencia, la inocencia, y muchas otras. Estas virtudes, y las anteriores, pueden significarse en manera general hablando del amor y del celo religioso, del celo ciudadano y del patriotismo, el amor al prójimo, a los padres, a la esposa y a los hijos. En todos éstos dominan la justicia y el juicio. La justicia pertenece a la sabiduría moral, y el juicio a la sabiduría racional. Todo hombre ha sido enseñado a vivir moralmente, por sus padres y maestros a actuar el papel del buen ciudadano, a desempeñar los deberes de una vida honorable, que están relacionados con las virtudes esenciales, y a ejecutarlos mediante las formalidades de tal clase de vida, o sea todo lo que hace a una buena educación. A medida que avanza en edad, se le enseña a agregar a éstas lo que proviene de la racionalidad, y por lo tanto a perfeccionar todo lo que hay de moral en su vida. En los niños, aun en sus primeras etapas de vida, la vida moral es natural, y posteriormente se vuelve moral y racional. Todos los que reflexionen sobre estos asuntos pueden darse cuenta de que una vida moral es lo mismo que una vida de caridad, y que consiste en actuar justamente con respecto al prójimo, y regular de tal modo la vida que no se contamine de mal. Todas las palabras y obras pertenecen a la vida moral y civil, y por lo tanto atañen a lo que es honrado y recto, así como a lo que es justo y equitativo. Lo honrado y lo recto pertenecen a la vida moral y lo justo y equitativo a la vida civil. La vida moral, cuando también es espiritual, es una vida de caridad, porque las prácticas de la vida moral y las prácticas de la caridad son las mismas. La caridad es querer lo justo con respecto al prójimo, y en consecuencia actuar justamente hacia él. Esto también es una vida moral. El bien y la verdad hacen la vida del hombre. El bien y la verdad moral y civil hacen la vida del hombre externo, y el bien y la verdad espiritual hacen la vida del hombre interior. Hay hombres morales que observan los mandamientos de la segunda tabla del decálogo, no cometiendo fraude, blasfemia, venganza o adulterio. Entre éstos, los que se confirman en la creencia de que tales cosas son malas porque injurian el bienestar público, y por lo tanto son contrarias a las leyes del comportamiento humano, practican la caridad, la sinceridad, la justicia, y la castidad. Pero si hacen tales bienes y evitan tales males simplemente porque son males, y no porque al mismo tiempo son pecados en contra del orden divino, aún siguen siendo hombres naturales, y en lo que no es más que natural, sigue enterrada la raíz del mal. Se adora al Señor principalmente mediante una vida según sus ordenanzas en la Palabra, porque es mediante éstas que el hombre se interioriza de la fe y de la caridad. Esta vida es la vida cristiana, y se denomina vida espiritual. Pero la vida que se ajusta a las leyes de lo que es justo y honorable, sin vivir espiritualmente, es una vida moral y civil. Esta vida hace que el individuo humano llegue a ser un ciudadano del mundo, pero la otra hace que llegue a ser un ciudadano del cielo. Emanuel Swedenborg
La Magia
Un diccionario estandar magia como “ el arte que pretende producir efectos de control sobre los acontecimientos por medio de encantos , hechizos y rituales supuestos a gobernar ciertas fuerzas naturales y sobrenaturales “ . Las palabras “pretende” y “supuestos” representan la cautela y a menudo la actitud escéptica que muchas personas educadas adoptan respecto a la magia . Esta es la parte del mito que afirma que solamente los que son ignorantes y no tienen educación creen en lo sobrenatural . Las sociedades primitivas , como por ejemplo las formadas por los aborígenes australianos o los indígenas suramericanos , comparten la creencia en la magia con algunas de las más grandes mentes de todos los tiempos . Pitágoras , Leonardo da Vinci , Isaac Newton y René Descartes son solo unos pocos ejemplos de los más importantes eruditos que creyeron en la magia y practicaron artes mágicas .
Muchos de los trabajos de Shakespeare están delicadamente entretejidos con creecias mágicas . Sigmund Freíd era notoriamente supersticioso , y Carl Gustav Jung hizo un estudio de la magia , tan serio y profundo , que muchos de sus detractores lo acusaron de incursionar exageradamente en el misticismo . Para Jung la magia conseguía una percepción de la realidad a través de los niveles intuitivos e inconscientes de la mente . Creía que “ hay una dimensión del ser humano que no es exterior a nosotros , en el sentido que puede ser dirigida y manejada en forma tangible ; está en nuestro interior . Es la base de los métodos esotéricos del pasado . Las personas que no entienden esto , y no tienen en cuenta los argumentos que soportan tal idea , piensa que todo esto se trata de simples supersticiones “ .
La magia como materia de estudio estuvo por mucho tiempo fuera de la esfera del interés académico . Durante muchos siglos fue rechazada por considerarse indigna para un estudio científico e ir en contra de la religión y el orden social . Esta idea no fue adoptada como cierta por parte de los eruditos modernos , que reconocían la magia como un concepto importante para entender el desarrollo espiritual , mental y social del hombre . Debido a tal reconocimiento ,la magia esta siendo reevaluada cuidadosamente por la ciencia , especialmente en las áreas de la antropología , sociología y más específicamente en la psicología . Como resultado de este renovado interés , muchas de las principales universidades americanas están ahora ofreciendo cursos sobre ocultismo , misticismo y artes relacionadas como la hechicería , la astrología y la meditación .
El interés del antropólogo en la magia es básicamente descubrir la fuente de creencias y rituales , y explicar cómo se relacionan con el desarrollo general del hombre . Por ejemplo , un ritual mágico para el amor escrito detalladamente en los grimorios medievales (un grimorio era un tratado que mostraba la jerarquía del infierno y daba instrucciones de cómo invocar los espíritus) , tales como la clavícula de Salomón , podría haberse originado en Asiria , donde fue usado para producir lluvias . Los diversos elementos de los rituales podrían entonces remontarse a miles de años atrás antes del uso de los rituales que buscaban fertilidad. Esto indica que para el hombre , el amor , la lluvia y la fertilidad estaban ligados irrevocablemente a él ,y tal vez compartían el mismo significado en su inconsciente . También podría suministrar una pista de cómo la magia fue transmitida de una cultura a otra , a menudo abarcando miles de años y viajando de un extremo de la tierra a otro . Este interés por la magia en diferentes partes del mundo también llama la atención a los sociólogos , los cuales estudian la transmisión de conocimientos entre culturas , y la formación y el desarrollo de las sociedades humanas .
Tal vez la psicología moderna es la ciencia que más se beneficia de los aún no revelados pero prometedores secretos de la magia . Un estudio intensivo de las diversas artes mágicas puede revelar que los llamados poderes sobrenaturales del mago son en realidad el resultado de un cuidadoso desarrollo de las fuerzas del inconsciente que están presentes en todos los seres humanos . Un entendimiento adecuado y la canalización de estos impulsos del inconsciente podrían dar como resultado grandes beneficios para la humanidad .

Kábalah
La Kábalah es esencial en la práctica de magia ceremonial . El cabalista ve a Dios como el macrocosmos y al hombre como el microcosmos . La manifestación física de Dios es el universo entero , compuesto de planetas, sistemas solares, galaxias y espacio exterior ; este es el macrocosmos . El hombre , creado en imagen de dios , es un universo más pequeño compuesto de células , moléculas , átomos ,partículas subatómicas , y el espacio entre ellos ; este es el microcosmos.
“Lo que está arriba está abajo “ , dice el mensaje hermético de la tabla de esmeralda. La doctrina cabalística va más allá y dice que el cuerpo del hombre en el plano material es el mismo cuerpo de Dios en el plano espiritual .
Adam Kadmon , el cuerpo de Dios , es un concepto metafísico que intenta definir las características espirituales de la divinidad , e identificarlas con las características del hombre . Etz Hayim , el Árbol de la vida , es un símbolo compuesto que representa al hombre celestial , o macrocosmos. Adam Kadmon . Y al hombre material, o microcosmos. De este modo , el Árbol de la vida puede ser visto como un sistema mágico- religioso de correspondencias que identifica lo humano con lo divino .
El Árbol de la vida está compuesto de diez esferas llamadas séfiras. Las esferas son interconectadas por veintidós líneas llamadas caminos, que representan las veintidós letras del alfabeto hebreo . Las diez séfiras y las veintidós letras se conocen como los treinta y dos caminos a la sabiduría . Aunque las séfiras representan diferentes manifestaciones de la fuerza cósmica y por ende de la evolución , los caminos son fases de la conciencia subjetiva con los cuales el alma entiende la manifestación cósmica. Las séfiras , conocidas como emanaciones numéricas , representan las formas abstractas de los números del uno al diez. Cada séfira simboliza una cualidad , una característica de Dios y también del hombre. Cada uno de los caminos representa el estado particular de conciencia que debe ser alcanzado para adquirir características divinas . Estos estados de conciencia son simbolizados por las veintidós letras hebreas .
Las diez séfiras se dividen en tres columnas conocidas como el pilar derecho , pilar medio y pilar izquierdo . El primero representa el principio masculino activo-positivo y posee características masculinas y positivas .El pilar izquierdo simboliza el principio femenino pasivo-negativo y tiene características femeninas y negativas . Finalmente , el pilar medio representa armonía , equilibrio y calma , y es el factor de balance entre los otros dos . Además tiene cualidades femeninas y masculinas .
Las séfiras representan una figura coronada cuyos pies descansan sobre su reino . El primer séfira , Kether , es la Corona , mientas que el décimo , Malkuth , es el Reino. Las otras séfiras representan las cualidades espirituales y las características físicas de la figura .
1.- KETHER : Corona; parte superior de la cabeza.
2.- CHOKMAH: Sabiduría ; lado izquierdo de la cara.
3.- BINAH: Entendimiento; lado izquierdo de la cara.
4.- CHESED: Compasión o amor ; hombro izquierdo.
5.- GEBURAH : Justicia o severidad ; hombro derecho.
6.- TIPHARETH : Belleza ; plexo solar .
7.- NETZACH: Victoria ; cadera derecha.
8.- HOD : Gloria ; cadera derecha.
9.- YESOD : Base ; órganos reproductivos .
10.- MALKUTH : Reino ; los pies.
Kether es la primera manifestación de la luz cósmica . Desde él desciende la luz hacia las otras esferas en zigzag , y esto se conoce cabalísticamente como el “rayo luminoso”.
La luz que se manifiesta en Kether procede del punto primordial de luz emitido por Dios cuando creó el universo. Mas allá de kether están los tres velos de existencia negativa . Ain, Ain Soph , y Ain Soph Aur, que representan lo no manifiesto , no conocido y absoluto .El cabalista se abstiene de discutir estos velos con personas no iniciadas . Cuando él decide utilizar el Árbol para propósitos materiales , visualiza la luz cósmica a través de kether en forma del rayo luminoso. Luago absorbe la luz en sí mismo y, ya energizado , procede a desarrollar su trabajo mágico.
La séfira donde se condensa la energía es Malkuth , la décima séfira. Malkuth representa al mundo material y al mago mismo. El cabalista se identifica con Malkuth , luego atrae el poder de las otra séfiras y lo absorbe en sí mismo mediante un acto de voluntad.
Las séfiras actúan en pares ,una en el pilar derecho trabaja con la opuesta en el izquierdo, y luego las dos sintetizan sus poderes a través de la séfira que está entre ellos en el pilar del medio. Es absolutamente esencial que el cabalista tenga esto en mente cuando haga trabajos prácticos sobre el Árbol , pues si concentra todas las energías en una de las esferas sobre el lado izquierdo o derecho , lo desequilibrará y luego experimentará manifestaciones físicas de tipo negativo.
He omitido la mayor parte de la información necesaria para poder realizar una ceremonia con el Árbol . El estudio de la Cábala precisa toda una vida , siendo peligroso aventurarse a experimentar en el Árbol si no se tienen los conocimientos adecuados.

Antes de comprar un ritual deberás exponer tu problema concreto y lo que quieres obtener
AMOR
Para traer el amor verdadero.
Para traer a una nueva pareja.
Para aumentar tus poderes de atracción.
Para visitar a un amante en sueños.
Para que el amor llegue a tu vida.
Aceite del amor(para atraer una potencial pareja).
Para estimular la libido e inspirar la vida amorosa.
Para atraer y estimular alegría y pasión.
Para la pasión.
Para sellar una promesa de amor.
Para revivir la pasión en una relación.
Para asegurar la paz y la concordia en una relación.
Para favorecer la comunicación en una relación.
Para que la persona que te atrae se acerque a ti.
Para ayudarte a elegir entre dos pretendientes.
Para soñar con tu amor verdadero.
Para atraer amor y cariño.
Una poción de amor para incrementar tu atractivo.
Para descubrir si tu amante te engaña.
Para mantener el amor siempre vivo.
PROFESIÓN, TRABAJO ,ESTUDIOS, NEGOCIOS
Para conseguir empleo.
Para incrementar la concentración en entrevistas o exámenes.
Para conseguir buenos resultados en una entrevista.
Para fomentar la confianza y el valor en una entrevista a o examen. –
Para conseguir un ascenso.
Para destacar en el trabajo o la universidad.
Para eliminar los obstáculos en tu profesión.
Para encontrar inspiración en el trabajo.
Para favorecer la agilidad mental en el estudio y el trabajo.
Para comunicar tus ideas en el trabajo o en clase.
Para facilitar la comunicación verbal.
Para propiciar la armonía en el lugar de trabajo.
Para protegerte de la envidia o el rencor de un compañero de trabajo.
Para atraer a un compañero eficaz y que respalde tu trabajo.
Para tener éxito en un nuevo negocio o empresa.
Para atraer clientes en un trabajo o empresa.
Para asegurar la prosperidad de tu negocio.
FAMILIA , AMIGOS ,ECONOMÍA
Para promover armonía dentro de la familia.
Para hacer nuevos amigos.
Para proteger tu hogar.
Para acabar con las disputas.
Para mantener alejados a los familiares problemáticos.
Para promover la armonía domestica.
Para protegerte de vecinos problemáticos.
Para incrementar la comunicación en el hogar.
Para vender pronto una casa.
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